HISTORIA DE UNA HACIENDA

 Hacienda San Ernesto - Cronicas del Bajo Piura 

                     Hacienda San Ernesto

Memorias del Oro Blanco antes de la Reforma Agraria.

 Contexto Historico: Ambientado en la costa norte del Peru, en el Bajo Piura (Cura Mori, Chato Grande). Una cronica de la familia Garcia Saona en los años previos a la Reforma Agraria de 1969, donde Don Francisco Arturo Garcia Wicks y Doña Maria Victoria del Carmen Saona Ginocchio deciden repartir sus tres haciendas (Chato, La Luz y San Ernesto) a sus hijos. San Ernesto queda bajo la firme y respetada conduccion de Don Rodolfo Cesar Garcia Saona.

Capitulo 1: El Mando de San Ernesto y el Alba en la Maestranza.

 El sol del Bajo Piura aun no terminaba de levantarse, pero en el patio de San Ernesto el aire ya vibraba con el rugido sordo del motor del primer tractor. Don Rodolfo Cesar Garcia Saona permanecia de pie en el umbral de la oficina, ajustandose las botas de cuero. Tenia una taza de café humeante en la mano, alcanzada minutos antes por Emma Cortes, pero su mirada estaba clavada unos metros mas alla, en el galpon de maestranza.

Ahi, bajo la sombra del techo de quincha y zinc, el Maestro Dioses discutia acaloradamente con Luis More Crisanto mientras limpiaban un inyector obstruido. Don Manel Ramos Carcamo y "El Cachinche" Ramos esperaban fumando apoyados en una llanta enorme, sabiendo que el día no perdonaba retrasos.

 ¿Si ese tractor no sale antes de las seis, las cuadrillas de palana que vienen de Alto de Chato y Pozo de los Ramos y san pedro se van a quedar de brazos cruzados ?dijo Don Rodolfo, su voz firme cortando el ruido del taller mientras caminaba hacia ellos.

 Silvestre Bayona y Felix Vilchez aparecieron por el porton este, con los rostros cubiertos por el polvo de la trocha. Traian noticias del campo de las bombas verdes. Detras de ellos, asomado a la ventana de la oficina contable, Don Jose Quintana acomodaba sus pesados anteojos sobre la nariz, listo para abrir el libro de jornales de la campaña de algodon. El dia crucial para San Ernesto acababa de comenzar. Los tractores John Deere de color verde y los robustos International de un rojo desgastado y los famosos Ford , verdaderos bueyes de fierro, arrancaban con gasolina y, una vez que el fierro rugia con fuerza, los tractoristas pasaban el sistema a petroleo para aguantar la jornada. 

Capitulo 2: La Batalla contra las Plagas y el Piqueo de las Doce y Media.

 La lucha contra las plagas no daba tregua en la Hacienda San Ernesto. En las parcelas del sector de Las Bombas Verdes, el sol caía como plomo derretido, pero los campos estaban llenos de vida. Don Rodolfo sabia que para ganarle la batalla al devastador "arrebiatado" y a los temibles "escudos" ?esas plagas tercas que amenazaban con manchar y picar la bellota del Pima? se necesitaba cada mano disponible en el Bajo Piura. Por eso, en los dias mas duros de la campana, Don Rodolfo tambien les daba trabajo a los muchachos de Chato Grande, Alto de Chato y Pozo de los Ramos. Con sus dedos agiles y sus cuerpos menudos, los ninos se perdian entre las hileras altas, recogiendo con paciencia infinita los insectos de las hojas para salvar el "oro blanco". 

A las doce y media del dia, el implacable sol piurano se plantaba justo arriba, derretiendo los lomos de los algarrobos. A esa hora exacta, el rugido deiesel se apagaba simultaneamente en los campos. Era el momento  mas sagrado de la jornada: el piqueo. Los tractoristas buscaban la sombra densa de un viejo algarrobo para cobijarse del calor y compartian la comida que traían en sus canastas o mantas. Unos destapaban sus fuentes con carne seca frita, acompanada de crujientes chifles de platano verde machacados; otros abrian las hojas de la panga del mismo choclo verde maduro, desprendiendo ese aroma inconfundible que resguardaba los tamales verdes bien sazonados, los cuales devoraban junto a sabrosas caballas saladas, el pescado preferido para aguantar el desierto. 

Mientras el grupo compartia la comida y el poto de chicha fresca para bajar el picante, Don Rodolfo solia aparecer caminando despacio, sacudiendose el polvo del sombrero. Con una sonrisa franca, Don Rodolfo se acercaba y les daba unas palmadas afectuosas en la espalda a Baltazar More ("Tuco") y a Manuel Ramos Carcamo, sus dos operarios mas queridos y respetados quienes le compartian con mucho gusto lo que ellos degustaban, es que don Rodolfo era un hombre comun y muy presto a compartir con ellos y tambien se tomaba su poto de chicha. 

?Mañana vamos a fumigar, muchachos ?les decia Don Rodolfo, clavando la mirada en las parcelas del sector de Las Bombas Verdes?. En tu tractor, Tuco, pones el "avión" hoy mismo.

 El "avion" no era otra cosa que el ingenio piurano hecho fierro: dos grandes estructuras en forma de alas que se acoplaban a los costados del tractor, extendiendose varios metros sobre las hileras de las plantas. Al avanzar el motor, el sistema desplegaba una nube protectora sobre el algodon. 

?Descuide, Don Rodolfo ?asentia Tuco More con orgullo?. Dejamos ese "avion" listo para volar sobre el algodon antes de que a las plagas les de tiempo de despertar.

 Capitulo 3: Del Cielo a la Casona: El Cessna y la Vida en el Callejon 

Cuando el motor de la avioneta Cessna se escuchaba en el cielo, todo el mundo en Chato Grande y Cura Mori sabia que Don Rodolfo estaba de vuelta. La nave planeaba sobre los algarrobos, alineandose con precision hacia la franja de tierra perfectamente compactada al oeste de las plantaciones, sector conocido como La Zona del Aterrizaje. Don Rodolfo descendia sosteniendo un portafolios de cuero con las cotizaciones del algodon Pima obtenidas en la ciudad. Emma Cortes ya avanzaba desde la administracion portando un cantarillo con chicha fresca, lista para aplacar el calor del viaje.

 Pero el latido mas tierno y cotidiano ocurria justo al frente de la casona, cruzando el gran callejon de adobe. Alli se alzaba el algarrobo mas antiguo y descomunal de la zona, territorio absoluto de un personaje singular: el mono de Don Rodolfo. El animal, vivo y travieso, pasaba el dia subiendo y bajando por las gruesas ramas, siendo tan bueno y manso que jugaba con los ninos de la familia que vivia al frente del callejon, los nietos de Don Hilario Macalupu y Doña Noelia Cordova Seminario. Ellos vivian ahi con sus hijos, las hermanas Claudia, Esther y Laura Macalupue Cordova, cuyos pequenos solian correr jugando con el mono.

 Muchas veces, el propio Don Rodolfo interrumpia sus preocupaciones para acercarse al grupo. Con una sonrisa franca, el hacendado se unia a los juegos de los ninos, disfrutando de aquella pureza campesina al lado de sus tractoristas Manuel Ramos y Baltazar More, mejor conocido como Tuco, quienes eran sus trabajadores mas queridos.

 Capitulo 4: La Paña, la Colca y el Romance en los Algodonales

 La temporada de la paña¿la cosecha manual del algodon? transformaba por completo los campos de San Ernesto. Hombres y mujeres se internaban muy temprano entre las altas matas. Para proteger sus vestidos del roce constante, las mujeres usaban unas traperas de colores ?vistosos delantales de tela brillante? amarradas por delante para no ensuciar su ropa. Entre el blanco inmaculado del algodon Pima, esos retazos de color daban vida al paisaje.

 La paña tambien era el escenario ideal para el cortejo. En medio de las hileras de algodon, algunos jovenes pretendian a las muchachas lanzandoles pequenas piedritas con disimulo. Si la china compartia el interes, asentaba la respuesta devolviendo el gesto y tirandole otra piedrita de vuelta. En ese instante, la conquista quedaba sellada ante las leyes del campo y muy pronto habria matrimonio en Cura Mori.

 Al terminar el dia, toda la paña recogida era cargada en los carretones jalados por los tractores y llevada a la colca, el gran almacen techado de la hacienda. Alli, los trabajadores escojian el algodon a mano para quitarle las basuras, las hojas secas y el algodon duro, dejando la fibra mas pura. Finalmente, el algodon limpio se pesaba para que el pesador apuntara en su libreta cuantos quintales habia pañado cada persona. Los mejores pañadores pasaban de tres quintales y eran muy famosos en el pueblo.

 Capitulo 5: Sabado de Feria y la Promesa del Manana

 Cuando el sol del sabado empezaba a buscar el horizonte, el ambiente en San Ernesto se transformaba. El caporal, con el respaldo de las planillas de Don Jose Quintana, se apostaba a pagar los jornales. El tintineo de las monedas era el anuncio oficial de que el cansancio de la semana habia terminado y el callejon afuera de la hacienda se convertia en una gran feria.

 Gente de diferentes sitios llegaba a vender comida y chicha fresca. "¡Lleve su tollito con arroz, calientito!", gritaba Doña Rosa, destapando su enorme olla de barro. A unos metros, Doña Panchita Inga servía con generosidad los potos de chicha fresca. Los panaderos de La Arena ofrecen las ricas marraquetas crujientes, mientras Don Arturo Giron acomodaba con orgullo los alfajores, las bocas de nina y los pasteles. Don Rodolfo respiraba tranquilo, sabiendo que la lealtad de su gente sellaba el destino de San Ernesto bajo el sol del Bajo Piura.

 Capitulo 6: Registro Fotografico: Huellas en el Tiempo

 A traves de las imagenes preservadas en la memoria familiar, es posible contemplar las estructuras que hoy en dia quedan en pie, testimonios fieles del pasado algodonero de San Ernesto:

1. La Colca: Los pisos firmes y la explanada de concreto que sirvieron de base para que las cuadrillas limpiaran las impurezas del algodon Pima antes del pesaje oficial.



 
2. El Taller de Tractores: El espacio de maestranza donde el Maestro Dioses y Luis More Crisanto daban mantenimiento a los fuertes John Deere e International y los ford asi como los motores (Rolls-Royce y  Perkins. 




3. El Callejon de la Hacienda: Los altos muros de ladrillo y adobe que resguardaban el ingreso principal y que los dias sabados albergaban la algarabia de la gran feria.







4. La Casa de Manuel Ramos: La vivienda construida por el respetado maestro tractorista de la hacienda, ubicada a corta distancia de la maestranza. y donde tambien vivieron los hermanos cordova seminario vicente, noelia, victoria, nicolasa.




5. una de las ultimas fotografias de don Rodolfo Garcia en piura antes de fallecer en el año 2020.

 Anécdotas en la aviación civil

En la historia de la aviación local de Piura, es recordado por anécdotas de su faceta como piloto:
  • Se cuenta que, en un gesto osado por cortejar a una mujer de Sullana, voló su avioneta Cessna 172 por debajo del puente del Río Chira, una maniobra que hizo que los vecinos acudieran repetidamente a la orilla del río para ver sus vuelos


 

Nota Historica Importante: La casona principal de la hacienda (la que fue la residencia de Don Rodolfo con su corredor de parantes verdes y techos planos) ya no existe fisicamente, existe un reserborio para agua perdurando unicamente en los recuerdos impresos en este relato.

 



 NOTA DE GRATITUD Y AGRADECIMIENTO Este relato historico y costumbrista ha sido posible gracias a la invalorable contribucion de los hermanos Salomon y Rolando More Macalupu, hijos del gran e inolvidable tractorista Baltazar More crisanto "Tuco", y de su cuncuñado Manuel Ramos, ambos ya fallecidos quienes se hicieron compadres por tanto aprecio y respeto que se tenian. Sus vivencias, recuerdos y memoria familiar, recuperados con profundo respeto y amor por su tierra con la ayuda de la Inteligencia Artificial, quedan aqui perennizados. ¡Eterno agradecimiento a quienes con su sudor forjaron la historia del Bajo Piura! 

 ciudad noe 04 de noviembre 2026

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